INTRO de Maurizio Sentieri

¿Qué diferencia hay entre un cuadro, un dulce tradicional, un par de zapatos, un tema musical y una oración? Enormes si consideramos el resultado final, ninguna si se piensa que son todas formas – materiales o inmateriales poco importa – de cultura.
¿No son, acaso, cultura todas las respuestas que damos a las preguntas de nuestra forma de “ser humanos”? Preguntas, respuestas y la cultura como único elemento unificador…
Pensaba en ello, de un modo más o menos confuso, la primera vez que Guido Profumo me enseño algunos de sus cuadros. Había algo que me desorientaba. Guido, que hasta ese momento había conocido como amigo, empresario, consejero delegado, hombre de negocios, organizador y ejecutor, era el autor de esas formas y esos colores. Y ni tan siquiera esos cuadros parecían superponerse a su compromiso en el ámbito social o a su visión ética del trabajo… observarlos era para mí una sensación incierta…
Pero la pintura ocupa, quizá, el segundo puesto solo después de la música y el canto capaz de expresar las “respuestas” a nuestra necesidad de belleza, de humanidad e inevitablemente a las preguntas acerca de alguna forma de espiritualidad…
Pero la pregunta a la que intentaba dar una respuesta en ese momento era el vínculo existente entre Guido y esos cuadros. Cuál era el punto de encuentro entre el hombre que hasta ese momento había conocido y su forma de expresarse, al menos en sus lienzos, a través de los colores y las formas, y en qué consistía ese modo de ser color y forma… Mientras tanto Guido, sarcástico e incrédulo, partícipe y, a la vez, divertido, me contaba cosas sobre sus cuadros. Conozco una máxima muy querida por Guido, una especie de “brújula” simbólica para las decisiones profesionales, pero válida también para las inevitables “curvas” de la vida, una máxima que siempre ha compartido con las personas con las que tiene confianza: “…si sigues haciendo lo que siempre has hecho llegarás adonde ya has llegado…” Una máxima típica de un espíritu libre e inquieto y esta podría ser la respuesta ante esos cuadros… un enésimo paso, una enésima transformación y en este sentido probablemente constituía el motivo más simple, el más verdadero, de la existencia de dichos cuadros. Quien es inquieto se plantea muchas preguntas… que no son las de la vida diaria y material. Y es precisamente entonces, cuando se buscan las posibles respuestas, cuando nos tropezamos con cosas – llamémoslas cultura… formas de cultura – quizá hasta ese momento inesperadas. Sí, tropezamos, porque se trata de un encuentro con esas “formas” que nos hace reflexionar, a nuestro pesar. Formas de cultura, a menudo, inesperadas, pero evidentemente aptas para nosotros para responder a las preguntas que nos preocupan.
Por tanto, creo que Guido simplemente ha encontrado una de estas formas, y era una de esas que aún no había explorado. Existe un adjetivo que puede englobar bien las actividades de Guido; tiene un origen lejano, creo que se remonte a la antigua Roma. Los romanos utilizaban cera para reparar las estatuas de mármol, cubriendo así los defectos, las grietas y las fallas. Sine cera, significaba, por tanto, algo sin truco y sin fingimientos, algo auténtico, tal cual. Pensándolo bien, sine cera, es decir, sincero, es todo aquello que he conocido de Guido y de sus numerosas actividades. Creo que este término es perfecto para describir al amigo, empresario, consejero delegado, hombre organizador y ejecutor, artista…