PRÓLOGO de Giuseppe Martucciello

En una isla del Mediterráneo declarada por la UNESCO “reserva de la biosfera”, con una extensión no superior a 680 km², con el nombre castellano y catalán de Menorca, encuentra “refugio intermitente” mi querido amigo Guido, o como él se define bromeando “Mastro GiPi”. Lo conozco desde hace más de veinte años, apreciando todas sus cualidades como la de saber administrar, organizar, actuar, tomar iniciativas, o lo que es lo mismo, en una única palabra, emprender…
Cuando fui a visitarle, me pareció extraño que hubiese decidido tomarse un “descanso”, es decir, cerrar intermitentemente su natural “intensidad” en su forma de vivir. No había entendido del todo el porqué de aquella decisión.
En Menorca Guido simplemente se había quitado de encima otra capa de piel, un proceso de “peeling” que determinaba juventud y vida, había empezado a canalizar de modo extremo su bien conocida energía vital, la que le había permitido vivir y autodeterminarse hasta entonces con una intensidad constante. En dos palabras, ese “buen retiro” buscaba el arte. La expresión más noble del ser humano, especialmente cuando es anticomercial.
En mi opinión, el proceso de realización es seguramente más importante para Guido que el producto final, como idealizaba George Maciunas o John Cage. La experimentación coincide con hacer arte, sin plantearse el problema de la búsqueda totalmente programada del resultado al final de ese proceso creativo. Sin embargo, me di cuenta enseguida de que a cada fase de su actividad, le seguía una atenta reflexión, sin comparaciones con los “productos del momento histórico”, simplemente, a Guido le interesaba mucho el análisis del producto final, se planteaba si esa obra o serie podría definirse verdaderamente “suya”.
Esta pasión no condicionada ni por el proceso de la creación, ni por el serio análisis del producto, hace de Guido un artista original y coherente. De su comportamiento expresionista informal solo podía emerger un estado de ánimo y una profunda inconsciencia, como escribe Luciano Caprile: “Profumo lanza piedras de inquietud en el amplio e inmóvil estanque de la ilusoria homologación de la vida”.
Los análisis periódicos de su proceso creativo le llevarán en 2016 a una transformación radical, que se producirá después de realizar el lienzo con el título “All you need is fantasy”, lienzo del que decía que pintarlo había sido para él como “un juego”. Así pues decide encauzar su energía volviendo a las fantasías infantiles, incluso de un modo simple y aparentemente desordenado sin dejarse contaminar por la búsqueda del orden. Aúna a la simplicidad un decidido proceso de privación en la producción artística. “Privación”, que como él mismo define, “puede ser una necesidad y una posible solución a estos tiempos difíciles, en un mundo que se está enroscando sobre sí mismo sin saber encontrar soluciones lineales y simples”. Cambia también los materiales, transforma las superficies, rechaza el lienzo…, elige unos paneles especiales de fibra de madera indeformables; en estos, el proceso de introducción y la posterior sustracción de los materiales y de los colores se produce con movimientos decididos, osando, sin dudar… un “juego” creativo infinito… Mejor que yo, Luciano Caprile sabrá interpretar con la debida experiencia y conocimiento al artista, en su nota crítica del Volumen. He escrito aquí pocas líneas porque conozco al hombre fuera de lo común por su generosidad y energía vital, las mismas que pone en sus obras. He “ojeado” en Menorca su forma de hacer arte, de modo incansable, casi imparable.